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domingo, febrero 28, 2021
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Un lobo recorre España – The New York Times


Hay responsabilidades sistémicas en el crecimiento de los ultras. La derecha española debió escorarse para detener la fuga de votos hacia Vox pero la apuesta solo consiguió profundizar su crisis identitaria. El PP está manchado por la corrupción y sus líderes absorbidos por disputas de corto plazo. Cs, la segunda opción, perdió casi un millón de votos en los últimos cuatro años y ya nadie sabe a quién le habla. Su esquizofrenia pavimentó el camino para Vox tanto como los titubeos del PP. El público ultra cree en quien no duda.

El gobierno, en tanto, se lavó las manos. Dejó en manos del PP y Cs el control de la extrema derecha como si fuese un problema exclusivo de la oposición pero, mientras tanto, tampoco ha hecho demasiado por elevarse como una opción sólida que dé soluciones estables a los españoles. La alianza del Partido Socialista y Unidas Podemos no ha superado la noción de rejunte electoral con desencuentros públicos mayores y coincidencias programáticas menores.

Así, mientras Iglesias vive diferenciándose de un gobierno al que buscó entrar, la gestión de Sánchez es errática. No ha conseguido que los díscolos líderes del catalanismo acepten sentarse a pactar una pax romana que permita enfocarse en los problemas más apremiantes, como la crisis económica y laboral derivada de la pandemia. Más aun, el manejo de la crisis sanitaria por el gobierno español fue inicialmente negligente y jamás pudo alejar completamente la idea de improvisación.

Los independentistas catalanes, por supuesto, también tienen su dosis de responsabilidad al azuzar al lobo de Vox. Como en la derecha, miran al partido de Santiago Abascal desde cierta superioridad moral, pero han hecho mucho para ayudarle a crecer. Entre la ingenuidad y la soberbia, durante más de una década convencieron a media Cataluña de que podían ser independientes de España pronto y, con una falta de tacto asombrosa, no dejaron de acosar al gobierno español por su escisión improbable mientras miles y miles de españoles enfermaban y morían. Al final, despertaron el nacionalismo sempiterno de la España de rey y toro hasta que la ultraderecha entró a su casa por la puerta principal.

¿Qué hacer ahora? La pandemia y la crisis económica, dos asuntos urgentes, demandan acuerdos sostenibles, no rencillas ni discusiones subsidiarias. Han muerto decenas de miles de españoles y más de medio millón de personas han quedado desempleadas.

Esos factores —que también afectan a Cataluña de manera severa— son suficientes para aparcar la utopía catalanista por una generación, pues no habrá independencia en breve. Los políticos deben buscar la fórmula retórica que mejor les salve la cara y emplearse en dar respuesta a las necesidades perentorias de España. Los resultados alejan a las oposiciones destructivas. Catalanes y españoles, a las cosas. Hay lobos sueltos.

Diego Fonseca (@DiegoFonsecaDF) es colaborador regular de The New York Times y director del Institute for Socratic Dialogue de Barcelona. Voyeur es su último libro publicado en España.



Fuente:nytimes.com/

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