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martes, agosto 11, 2020
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El avance de los partidos verdes en Europa se detiene en el sur

El avance de los partidos verdes en Europa se detiene en el sur

El éxito electoral en Francia confirma el auge ecologista en el corazón de la Unión

Las preguntas se repiten en las sedes ecologistas de los países del sur después de cada nuevo éxito electoral de sus socios europeos. ¿Por qué la ola verde no cala aquí? ¿Están nuestros ciudadanos menos comprometidos frente al cambio climático? Las municipales francesas son el último ejemplo de la pujanza de esta hornada de partidos en el occidente europeo frente a las cansadas, pero todavía dominantes, fuerzas tradicionales. Sus colegas meridionales ven en la tendencia un asidero para salir de la marginalidad, pero los expertos dibujan un patrón difícil de romper: la semilla ecologista solo germina en los centros urbanos de países ricos donde la socialdemocracia ha sido barrida por el desencanto.

Los mandamases verdes no lo ocultan. Un eje franco-alemán con ambos países liderados por ecologistas es un sueño dorado que removería los cimientos de un continente acostumbrado a la alternancia izquierda-derecha. En realidad, teniendo en cuenta que las palancas del poder europeo están en Berlín y París, hacerse con las riendas de uno solo de los miembros del binomio ya sería un salto cualitativo considerable. Con sus resultados mejorando votación tras votación, y nuevas elecciones generales a la vista en Alemania (2021) y Francia (2022), nunca antes ha sido menos descabellada la posibilidad —todavía remota—, de una entente verde entre ambas capitales para dar un vuelco a la agenda social.

Esa progresión, sumada a la que experimentan en Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Austria, Suiza, Suecia o Finlandia, ha vuelto más acusado el contraste con el sur, prácticamente un desierto verde salvo pequeñas excepciones. Italia y Grecia no aportan ningún parlamentario al grupo en la Eurocámara, Portugal solo uno, y España dos: Diana Riba, de ERC, más centrada en la cuestión territorial, y Ernest Urtasun, de En Comú Podem. Alemania aporta 25 y Francia 13. Un cuadro que se repite en los parlamentos nacionales. “Hay varias interpretaciones. Los verdes son sobre todo importantes en países con una renta per cápita más elevada. Y dentro de esos estados ricos, en ciudades universitarias fuertemente desarrolladas. Es en esos sectores y espacios donde la preocupación medioambiental es mayor. En Europa del sur, la línea divisoria izquierda-derecha sigue muy fuerte en Portugal, España, Malta, Chipre, Grecia, y en menor medida en Italia”, explica Pascal Delwit, politólogo de la Universidad Libre de Bruselas.

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La popularidad del discurso verde, protagonista de marchas juveniles por todo el mundo el año pasado bajo el liderazgo de la adolescente sueca Greta Thunberg, ha degenerado en una batalla por apropiarse de la etiqueta que ha llevado a formaciones de izquierda a definirse como tal para eclipsar la competencia de partidos puramente ecologistas. “Para representar al espacio verde no hay un modelo único. En Francia la izquierda era mucho más productivista y pronuclear. En España, Unidas Podemos puede ser el referente verde y creo que lo es hoy en día”, señala Urtasun.

El coportavoz de Equo, Florent Marcellesi, el único partido marcadamente ecologista de ámbito español, cree que la atonía hunde sus raíces en la historia: “España salió tarde de la dictadura de Franco, y en la transición en el 15-M la democracia y lo social relegaron la ecología a un segundo plano”. El partido cuenta con una diputada en el Congreso, Inés Sabanés, una de las impulsoras de la zona de bajas emisiones Madrid Central durante su periodo como concejala en el Ayuntamiento de la capital, que obtuvo el escaño integrada en la plataforma Más País.

El 12 de julio Equo tiene un nuevo examen al concurrir en solitario a las elecciones vascas. La fórmula de la irrupción regional sirvió a Vox para catapultarse desde Andalucía hacia todo el territorio nacional y acabar con la excepción española, uno de los últimos países europeos en los que desembarcó la extrema derecha. Pero las expectativas de Equo son mucho más modestas, y se limitan a la búsqueda de un único diputado.

La magnitud del éxito francés, donde se han aupado a alcaldías de grandes ciudades como Marsella, Burdeos o Estrasburgo, ha tomado a algunos por sorpresa. “Los sondeos lo habían anunciado, pero no creo que estuviera previsto de manera tan clara”, afirma Christine Verger, del Instituto Delors. Para el belga Delwit puede resultar engañoso pensar en un efecto contagio, dado que los condicionantes nacionales han sido claves. “Se han beneficiado de la debilidad del partido socialista, de Macron y de la baja participación”, enumera.

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En Europa del sur, a diferencia de lo que sucede en Francia o Alemania, la izquierda no ha sido arrinconada. Al contrario. Gobierna en España y Portugal, es la principal fuerza de oposición en Grecia, y resiste en Italia. Está por ver cómo altera ese panorama el seísmo económico que se avecina hacia el bloque sureño, a priori el más vulnerable. ¿Afectará al voto verde? “Por un lado, la pandemia puede interpretarse como la exhibición de la problemática relación del ser humano con su entorno, lo que confirmaría el problema ambiental y respaldaría a los partidos verdes. Por otro, creo que la terrible conmoción social por venir nublará en parte la agenda ambiental, siempre con cautelas, porque eso debería haber ocurrido también tras la crisis de 2008 y la última década ha sido catastrófica para la socialdemocracia”, reflexiona Delwit.

La eurodiputada verde francesa Karima Delli se alinea con la primera opción. Cree que el virus ha propiciado un cambio de hábitos, y esa victoria cultural se trasladará a las urnas, también en el sur. “Con el confinamiento, la gente se ha dado cuenta de que la contaminación del aire ha disminuido al usar la bicicleta en vez del coche, presta más atención a lo que come, y compra más local”, resalta. Bruno Guterres, eurodiputado portugués del PAN (Personas-Animales-Naturaleza), coincide. “La pandemia es una oportunidad. La gente la relaciona con la degradación ambiental y el sobreconsumo de animales. Es una clara señal de que no estamos utilizando los recursos de una forma sostenible. El crecimiento del PIB está alcanzando sus límites”, avisa.

Los comicios alemanes y franceses dirán si, como piensan algunos expertos, los focos mediáticos alumbraron demasiado la emergencia de los populismos de extrema derecha mientras en la sombra se gestaba el verdadero elemento transformador del futuro de Europa.

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La presidencia alemana de la UE apuesta por una salida verde de la crisis

La pandemia golpeó a Europa con las instituciones comunitarias desplegando el nuevo Green Deal que debía ser bandera del mandato de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. Alemania, que ha asumido la presidencia del Consejo Europeo este 1 de julio, no parece dispuesta a aparcar los objetivos medioambientales pese a que su industria automovilística se tambalea bajo el doble shock de la pandemia y la costosa reconversión al vehículo eléctrico. La ministra alemana de Medio Ambiente, Svenja Schulze, anunció que durante su presidencia rotatoria del Consejo, de seis meses, pelearán para que el pacto verde forme parte del plan de recuperación. Esa vía parece contar con el respaldo de la población germana. Y no solo porque Los Verdes aparezcan en las encuestas como la segunda formación con más apoyos del país amenazando el liderazgo de la CDU de Angela Merkel, cuya gestión de la emergencia sanitaria ha sido muy bien valorada. Una encuesta difundida la semana pasada por el ministerio de Schulze señala que el 50% de la opinión pública alemana cree que la prioridad de su presidencia debe ser la política climática, por delante incluso de lidiar con las consecuencias de la crisis del coronavirus (39%). En la lista le siguen la defensa del estado de derecho —con el foco puesto en Polonia y Hungría—, la promoción de la digitalización, la aprobación del presupuesto comunitario para los próximos siete años o la futura relación con Reino Unido tras el Brexit, todavía pendiente de un acuerdo entre Londres y Bruselas para cuando expire el periodo transitorio el 31 de diciembre.

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Fuente:feeds.elpais.com

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