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Huertas de vereda, muros vivos y recolección de frutas: experiencias agroecológicas en ciudades

26/09/2020 tendencias

Huertas de vereda, muros vivos y recolección de frutas: experiencias agroecológicas en ciudades

Seis de estas iniciativas fueron explicadas por sus protagonistas en el marco del encuentro "La agroecología urbana ya está entre nosotres", organizado por la Coordinadora "La ciudad somos quienes la habitamos".

Por María Alicia Alvado

Huertas comunitarias en tierras ociosas, veredas, balcones y terrazas; jardines verticales Huertas comunitarias en tierras ociosas, veredas, balcones y terrazas; jardines verticales
Huertas comunitarias en tierras ociosas, veredas, balcones y terrazas; jardines verticales que embellecen, perfuman y aclimatan muros al tiempo que atraen pájaros o mariposas; y salidas grupales para la recolección de frutas o la diseminación de "bombas de semillas" son algunas de las experiencias de agroecología urbana que se están multiplicando en las capitales del cemento.
Seis de estas iniciativas fueron explicadas por sus protagonistas en el marco del encuentro "La agroecología urbana ya está entre nosotres" organizado por la Coordinadora "La ciudad somos quienes la habitamos", como parte de su campaña para que el nuevo Plan Urbano Ambiental de la Ciudad de Buenos Aires en proceso de elaboración sea "desde y para la ciudadanía y por el bien común".
La agroecología es una manera de cultivar la tierra, recoger y elaborar sus frutos que se caracteriza por cuidar el medioambiente y recuperar tanto la sabiduría de los pueblos originarios como las prácticas campesinas, que tiende a la autosuficiencia y soberanía alimentaria, al tiempo que fomenta el lazo social y se opone por definición al agronegocio.
En este ideario se enmarca el espacio "La Ciudad nos regala sabores", que desde 2012 ofrece salidas grupales gratuitas para identificar plantas medicinales y comestibles que están en la vía pública y recoger sus frutos.
"Todas las ciudades tienen árboles frutales o comestibles que han plantado les vecines o los municipios en algún momento, y la cantidad de alimento que producen es muy abundante, variado y está al alcance de cualquier persona", explicó Ludmila Medina.
Según el barrio y la época del año, en esas salidas se pueden obtener nueces, naranjas, mandarinas, moras, quinotos, limones, paltas, nísperos, pomelos, granadas, aceitunas, plátanos, tunas, higos, ciruelas, entre otras frutas; pero también verdolaga, laurel, diente de tigre, achicoria, malva, albahaca, tilo y manzanilla.
Recolectan frutos de plantas del barrio y organizan encuentros de vereda donde el conocimiento circula Recolectan frutos de plantas del barrio y organizan encuentros de vereda donde el conocimiento circula
Medina explicó que "la idea no es 'robar la fruta', sino pedir permiso a los vecinos y charlar", porque la iniciativa se enmarca en una propuesta más general de "volver a habitar la ciudad desde una mirada más pausada y en comunidad", lo que incluye "una pata educativa" porque las salidas son aprovechadas para "enseñarles a nuestras niñas y niños que el alimento sale de las plantas y no del supermercado".
De una idea similar partieron los fundadores del colectivo "Necochea, ciudad frutal". "Acá tuvimos que plantar los árboles porque no había tantos y la gente había ido sacando algunos porque les rompía la vereda", contó al respecto Juan García.
Después de haber plantado "100 árboles frutales en el primer año", fueron surgiendo otras iniciativas como la producción de plantines en las escuelas destinadas a vecinos que quieran arbolar su cuadra, la creación de la "hospihuerta" en el Hospital Emilio Ferreyra y una "biblioteca de semillas" que funciona dentro de una de libros, tradicional.
"La hospihuerta está abierta para todas las personas que quieran aprender a cultivar su propio alimento desde cero y sostener un voluntariado cuya producción se destina en parte a la cocina del hospital", contó Eugenia Podlesny.
En tanto, la biblioteca de semillas "pone a disposición de la gente semillas en préstamo", con la idea de que "quien se acerca a un espacio cultural con una inquietud alimentaria" se interese también en "actividades de lectura, clases de cocina o liberación de plantines".
Carlos Briganti montó una huerta que aprovecha al máximo los 60 metros cuadrados de su terraza, Carlos Briganti montó una huerta que aprovecha al máximo los 60 metros cuadrados de su terraza,
En su casa del barrio porteño de Chacarita, Carlos Briganti montó una huerta que aprovecha al máximo los 60 metros cuadrados de su terraza, donde practica todas las propuestas de su colectivo "El reciclador" que aúna la práctica de huertas agroecológicas comunitarias con "el cirujeo" de cubiertas y envases descartados como basura para ser reutilizados como macetas y composteras.
"Acá no hay espacios ociosos: tenemos semilleros, germinadores y composteras barriales de 200 litros", dijo.
Además de promover el "sembrado de techos", Briganti incentiva a los vecinos a montar en sus veredas macetones hechos con cubiertas apiladas y pintadas de colores, para generar "corredores alimentarios" de punta a punta de las veredas, rebosantes de habas, repollos y tomates, entre otras verduras, en el convencimiento de que "es posible cultivar alimentos de alta calidad en el kilómetro cero".
Otra de sus iniciativas son las "bombas de semillas" según el modelo del famoso agricultor japonés Masanobu Fukuoka, con las que salieron a "bombardear" baldíos por el día de la primavera para "visibilizar la cantidad de terrenos improductivos que existen en las urbanidades" a pesar de la "emergencia alimentaria" que podrían ayudar a paliar.
"Son pelotitas hechas con humus que adentro tienen semillas de zapallo: cuando cae la primera lluvia, la humedad llega a la semilla que rompe la pelotita y se alimenta de ese humus, para después echar raíz y alimentarse sola", explicó Briganti a Télam.
Pablo Pistochi, por su parte, es una de las caras visibles del colectivo "Veredas vivas para la soberanía alimentaria" que construyeron un grupo de vecinos del barrio de Devoto preocupados por la "pérdida de biodiversidad" y la necesidad de "desmercantilizar los alimentos".
Convencido de que "las mejores tierras están tapadas de cemento" y de que "hasta en el espacio más pequeño se puede producir alimentos", Pistochi decidió plantar especies trepadoras nativas en hoyos de 15 centímetros de diámetro cavados en la vereda que transformaron la fachada de su casa en un "muro verde".
"En las veredas suele haber árboles exóticos sin mucha interacción con la fauna, pero cuando se plantan especies nativas se empieza a generar otra cosa: afuera de mi casa ahora hay perfumes, sonidos de grillos o chicharras y se pueden ver mariposas o colibríes", contó.
Además, llegó a cosechar "12 calabazas" de un zapallo plantado siempre con la idea de "cambiar tu metro cuadrado para empezar a cambiar el mundo".
Los vecinos de este grupo tienen sus pequeñas huertas domiciliarias o en veredas, recolectan frutos de plantas del barrio y organizan encuentros de vereda donde el conocimiento circula junto con las sonrisas y el mate.

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Rosario, el "único municipio" que trabaja la agricultura urbana como política pública


La ciudad santafesina de Rosario "es el único municipio del país" en contar con un programa de agricultura urbana de manera sostenida desde hace 18 años como política pública, lo que le valió el reconocimiento de la ONU y de la FAO, y trajo a expertos de diferentes países del mundo para conocer el modelo.
Los parques huertas, los corredores verdes viales y jardines de plantas medicinales en espacios públicos u ociosos con los que cuenta la ciudad como parte de esta política pública tienen por común impulsor al ingeniero agrónomo Antonio Lattucal, un hombre de 69 años que acaba de jubilarse como coordinador del Programa del Agricultura Urbana del municipio, puesto que ocupaba desde su creación en 2002.
"Rosario es el único municipio del país que tiene un programa de agricultura urbana consolidado y es una deuda de Prohuerta y de la mayoría de los municipios no buscar la tierra vacante para que estos proyectos puedan consolidarse y tener continuidad", dijo Lattuca a Télam.

Aunando esfuerzos con Prohuerta del INTA, una ONG y vecinos dispuestos al trabajo voluntario, el Programa rosarino promueve emprendimientos sociales de producción y elaboración de alimentos mediante técnicas agroecológicas, destinados al consumo familiar, comunitario y a ferias de la economía social.
"En 2002 nos propusimos crear un oasis dentro de la ciudad, cuidar la tierra, desplegar las potencialidades de los desocupados, producir alimentos frescos y sanos con la técnica agroecológica y transformar espacios degradados en jardines de verdura, motivando a toda la sociedad con el problema ambiental y de la inclusión social", dijo Lattucal en el marco del encuentro virtual "La agroecología urbana ya está entre nosotres" organizada por la Coordinadora "La ciudad somos quienes la habitamos".
En virtud de estas políticas, la ciudad fue premiada en 2004 por la ONU por impulsar "uno de los 10 mejores programas del mundo de lucha contra la pobreza, integración social y perspectiva de género" y en 2010 fue destacada por la FAO como "una de las más verdes de América Latina" por ser "una de las pocas que incorporó plenamente la agricultura en su planificación del uso del suelo".
"Estábamos recuperando el derecho al uso de la tierra y a la alimentación sana y jerarquizando la agricultura que siempre es vista como una práctica para los momentos de crisis o para las personas más pobres, como un oficio del pasado para ser ocultado en el fondo de la casa, cuando en realidad la huerta también puede ser un lugar muy atractivo", describió.

Surgidas con la debacle del 2001, Lattucal se esperanza con que la actual pandemia termine potenciando la actividad, "porque siempre en las crisis es cuando se ve su necesidad".
"En todos lados hay tierra sin usar que se puede poner en valor y todos ganan porque de ser un problema –porque era un basural o un baldío- se transforman en una solución que ofrece servicios alimenticios, socioeconómicos, ambientales, paisajísticos e incluso para la convivencia, porque se convierten en lugares de encuentro comunitario", finalizó.

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Destacan la importancia de experiencia agroecológica urbana para "visibilizar prácticas campesinas"

El referente de la cooperativa Pueblo a Pueblo del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE Rural), Lucas Pinto, aseguró que "la experiencia agroecológica urbana es importante" porque no sólo "visibiliza las prácticas campesinas" sino que permite que "la disputa contra el modelo del agronegocio se dé también en las ciudades".
Conformada por familias campesinas de diferentes provincias, la cooperativa tiene por objetivo la venta por canales "alternativos" y bajo los parámetros del "comercio justo", de alimentos cultivados según técnicas ancestrales y cuidadosas de la naturaleza, como "paso previo a la transición agroecológica"
"Estamos entregando en Córdoba, Buenos Aires, todo el AMBA, Capital Federal y Rosario bolsones de frutas, hortalizas y pesados, pero también productos con valor agregado como miel, yerba, quesos y mermeladas", dijo Pinto durante su participación en el encuentro "La agroecología urbana ya está entre nosotres" organizada por la Coordinadora "La ciudad somos quienes la habitamos".
"Llegamos a más de 10 mil hogares y solo en el AMBA comercializamos seis toneladas de alimentos por semana", agregó.
Pinto consideró que el principal escollo para la adopción de un modelo agroecológico de producción de alimentos que reemplace al del agronegocio, es la falta de "acceso a la tierra" que también es un problema en las ciudades.
"Por eso buscamos sensibilizar a los consumidores urbanos y acercar las inquietudes de unos y otros porque hoy la disputa central tanto de la agroecología emergente como la agroecología urbana, es por el territorio", dijo.
En ese sentido, Pinto recordó que "en el MTE más del 60% de las familias alquila la tierra", y en lo inmediato "necesitamos una ley de alquileres justa que reconozca todo el valor agregado que los productores dejan en la tierra" cuando la trabajan.
"Es fundamental discutir el uso del suelo de las ciudades", donde vive "el 90% de la población", para que "no sean parásitos que generen contaminación", pero también hay que repensar su crecimiento descontrolado, que genera "sobrepoblamiento de algunas zonas y desertificación de otras", evaluó.
El referente de la cooperativo señaló que "discutir todo un proyecto nacional de reforma agraria integral, que implica necesariamente una reforma urbana también; para repensar el campo hay que repensar las ciudades".
"Muchos de nuestros campesinos fueron expulsadas del campo por el avance de la frontera agrícola y recalaron en zonas metropolitanas urbanas, de donde luego son expulsados por la falta de trabajo y la violencia para volver al campo: hay un proceso muy dinámico y las fronteras son cada vez más tenues", concluyó.
Para Pinto, "es central buscar otras formas de cooperación campo/ciudad que permitan que los productores ganen más, sean reconocidos por su trabajo y que los consumidores urbanos paguen menos por productos más sanos".

Fuente: https://www.telam.com.ar

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