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Corea del Norte prepara un alarde de músculo militar

Corea del Norte prepara un alarde de músculo militar

El desfile para conmemorar el aniversario del Partido de los Trabajadores puede ser un escaparate para exhibir este sábado los últimos avances del programa de misiles de Kim Jong-un

El primero en dos años y, quizá, el mayor de la era Kim Jong-un. Con toda la fanfarria posible, y tras preparativos que han durado meses, Corea del Norte celebrará este sábado un gran desfile militar en Pyongyang, en el que se espera que desvele sus principales avances en su tecnología de misiles, incluida -quizás- la “nueva arma estratégica” que su líder prometió en enero.

El desfile culminará los festejos para conmemorar el 75 aniversario de la fundación de su Partido de los Trabajadores, una de las fechas más señaladas en el calendario norcoreano y que este año llega tres semanas antes de las presidenciales de EE UU. El alarde de poderío militar que se espera cumplirá una doble función: enviar un mensaje a Estados Unidos, con el que las negociaciones sobre desnuclearización se encuentran estancadas desde hace un año y medio, y galvanizar a la población norcoreana tras un año en el que la pandemia de coronavirus, las sanciones internacionales y una temporada de tifones especialmente dura han asestado un duro golpe a la economía.

Según la página web 38 North, especializada en Corea del Norte, ya está completada la tribuna para que el público y las autoridades puedan ver el desfile; desde hace semanas imágenes vía satélite han permitido distinguir a soldados ensayando la marcha en el campo de Mirim, y se han reforzado los puentes en el centro de Pyongyang para que soporten el paso de equipos pesados.

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Entre el armamento que Corea del Norte podría mostrar en el desfile en la plaza Kim Il-sung de Pyongyang podría encontrarse un cohete de lanzamiento submarino -el Pukguksong-3, que ya probó en octubre de 2019 desde una plataforma flotante- o un nuevo misil intercontinental, el mayor de los que ha exhibido hasta el momento y quizá alimentado por combustible sólido, más fácil de almacenar y tener listo para su uso inmediato. Hasta ahora, el misil de mayor alcance que ha probado este país es el intercontinental Hwasong-15, que lanzó en 2017 durante la etapa más tensa de los últimos tiempos en las relaciones entre Corea del Norte y Estados Unidos.

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También podría hacer alarde de nuevas lanzaderas móviles (TEL) de misiles, un equipamiento clave para reforzar su programa balístico: hasta ahora se le calculaban tan solo entre cuatro y seis de estos vehículos, pero un mayor número aumentaría las posibilidades de sus misiles de sobrevivir a un ataque preventivo y -en caso de llegar a utilizarse- de esquivar los sistemas de interceptación enemigos.

“Corea del Norte parece estar preparando infraestructura para sacar a desfilar sistemas más grandes y pesados, y para exhibir muchas más lanzaderas que en años pasados, lo que indicaría no solo un aumento cualitativo, sino también cuantitativo, de la amenaza”, han escrito Bruce Perry y Markus Garlauskas, antiguos funcionarios estadounidenses de inteligencia, para el laboratorio de ideas Atlantic Council.

Una valoración que también comparte el ministro de Unificación surcoreano, Lee In-young, que esta semana ha apuntado la “posibilidad de que Corea del Norte desvele nuevas armas estratégicas, como nuevos misiles balísticos intercontinentales, para llamar la atención en momentos en los que sus logros económicos han dejado que desear”. Según Lee, presentar el nuevo armamento durante el desfile supondría “una demostración de fuerza” de baja intensidad, menos agresiva que una prueba de misiles, de cara a las elecciones estadounidenses y en un mensaje a su ganador.

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Kim Jong-un y Donald Trump se han reunido en tres ocasiones desde junio de 2018 para tratar sobre la desnuclearización de Corea del Norte, pero ninguno de los encuentros ha dado frutos concretos. Aunque los dos líderes mantienen una relación personal cordial, las negociaciones se encuentran en punto muerto desde la última de esas conversaciones, en la frontera intercoreana en junio del año pasado, y la impaciencia del tercer líder de la dinastía Kim va en aumento. Estados Unidos calcula que su oponente cuenta con un arsenal de entre 20 y 60 bombas nucleares y puede producir seis anualmente.

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A ojos de Pyongyang, Trump “es más probable que acepte el levantamiento de sanciones o a Corea del Norte como una potencia nuclear de hecho”, apunta Andrei Lankov, de la Universidad Kookmin en Seúl, en una videoconferencia organizado por el laboratorio de ideas Carnegie. En cambio, las perspectivas de que el candidato demócrata, Joe Biden, pudiera hacer algo así si llega a la presidencia son nulas.

Incógnitas sobre el evento

Más allá del armamento que se pueda exhibir, otras incógnitas rodean al evento. Se desconoce si se adoptarán medidas de prevención contra la covid, una enfermedad que de la que oficialmente Corea del Norte declara no haber tenido ningún caso.

Tampoco se sabe si Kim pronunciará un discurso, como hizo en la conmemoración del 70 aniversario del Partido. El líder norcoreano abrió este año prometiendo dar un impulso a su programa de armamento y desarrollar la depauperada economía para hacer frente a las sanciones internacionales. Una tarea ingente: según el banco central surcoreano, el PIB del norte se contrajo un 3,5 y un 4,1%, respectivamente, en 2017 y 2018, y solo creció un 0,4% el año pasado.

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“Kim Jong-un ya no cree que un mayor perfil internacional vaya a generar mayores oportunidades a corto plazo; ve necesario el desarrollo de la economía para hacerla más resistente a las sanciones, y la pandemia de covid no ha hecho sino acelerar esta tendencia”, explicaba recientemente la subdirectora de 38 North, Jenny Town, en un seminario.

La pandemia, y los tifones, han asestado un duro golpe a esas ambiciones. Tras el cierre de fronteras motivado por el coronavirus, las exportaciones de Corea del Norte a China -su principal aliado y socio comercial- se redujeron un 75% en la primera mitad del año para quedar en 27 millones de dólares, según el Instituto Coreano para la Unificación Nacional, en Seúl. El propio Kim reconocía en agosto que no se cumplirán los objetivos del último plan quinquenal y ha ordenado una movilización ciudadana de 80 días para intentar completarlos. En enero, una reunión del liderazgo del partido trazará un nuevo plan para los próximos cinco años.

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Se desconoce aun si Kim podrá inaugurar en estas fechas, como era el objetivo inicial, el nuevo hospital general de Pyongyang, para cuya edificación dio en marzo un plazo de 200 días; una nueva fábrica que debe suministrarle equipos médicos se inauguró solo esta semana, después de haber sido blanco de las críticas del propio Kim por la mala calidad de su construcción.

Fuente:feeds.elpais.com

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