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Es una industria incipiente, con grandes posibilidades económicas por delante y el desafío de explicarla. Historia y futuro de una decisión potente. 

Se conoce de memoria que la industria madre de San Juan y también la irrumpiente no pasan por sus mejores momentos, por llamarlo de alguna manera.

A la vitivinicultura le sigue costando afirmarse y encontrar el piso de una debacle de años en la que hay poco hacer si se entiende que obedece a cabios de hábitos de consumo a nivel mundial. Mientras, el sagrado producto que alumbra no pasada de entre los 25 hasta 40 centavos de dólares, por un año completo de sacrificio.

Y la minería no mueve el banco de suplentes, ante el inexorable agotamiento de los yacimientos de Veladero o Gualcamayo, que ya cambiaron de manos y en el último caso también de veta y mineral. No se vislumbra quién tomará la posta, ni con el estímulo a las empresas por la eliminación de retenciones. Falta aclarar el marco legal de la ley de glaciares, sin lo cual no parece haber futuro inmediato. Y no parecen los tiempos para ese debate a nivel nacional.

Es sano entonces que los ocupantes del timón económico y productivo comiencen a preguntarse de qué manera y hacia qué rubros atraer capitales de inversión privada que generen actividad en la economía de San Juan. Justamente esta semana en que esa visión sobre el activismo estatal en el circuito virtuoso de la economía se despachó con el contundente 2% de desempleo en la provincia, la cifra más baja de la historia y en medio del tembladeral que es la economía nacional. Que transita el andarivel opuesto: ajuste y retiro del estado para dejar fluir a las fuerzas del mercado a nivel nacional, contra la inyección de fondos, subsidios de tasas y aliento desde el Estado en la provincia.

Nació de esa manera la gran sorpresa de la economía productiva sanjuanina para este año: el cannabis, una actividad irrumpiente en todo el mundo y con un entorno que suele hacer arrugar narices, pera hace falta conocer en profundidad para alejarse de esos prejuicios y probar suerte con este cultivo y una industria que gana espacio en todo el mundo.

Lo primero que hizo falta es animarse. Luego, revisar la legalidad de todo el proyecto y disponer de todos los reaseguros del caso. Y finalmente entrar a tallar fino en los números que promete.

Ese fue el camino que recorrió la administración local desde que recibió el primer contacto empresario formal, en uno de esos tantos encuentros entre hombres de negocios inversores de todo el mundo y gobernadores interesados en atraerlos. Que suelen ser tediosos, pero a veces deparan sorpresas mayores.

Como en el caso de los buenos pescadores, hay que llevar carnada, caña y paciencia para darle la chance al pescado de que pique. Los anzuelos de San Juan en estos simposios son los números mejorados de la economía provincial respecto del entorno nacional, la estabilidad política y un condimento especial que jugó en este caso.

Es la proyección que genera Sergio Uñac como pieza de recambio en el tablero político nacional, un factor que suele ser importante en las filas de empresarios interesados por contactarse con gobiernos provinciales, y que operó en este caso particular.

A partir de allí, comenzó un trabajo de introducción en el mundo de este cultivo que en Argentina es legal desde el año pasado y hasta tiene un proyecto de ley en San Juan para regular su uso.

Ahora, una cosa es el consumo y otra es su producción a nivel industrial. Y los datos que llevaron a animarse a innovar a la administración provincial son muy potentes. Sólo para el proyecto anunciado por la firma canadiense Wayland en 819 hectáreas en el departamento Sarmiento, se calcula que tomarán unos 300 empleos directos, con sueldos que rondan entre los 2.000 y 3.000 dólares (similares y hasta superiores a los que se pagan en la actividad minera), luego de capacitar a la mano de obra que se prevé local.

Fortalecería el complejo industrial farmacéutico de San Juan, que ya es muy importante y que de ese modo podría apuntar a generar un nuevo polo de desarrollo en la provincia. Monteverde, la planta pocitana de Raffo, es un ejemplo de eso con sus 700 trabajadores, más allá de las oscilaciones propias del negocio que atravesó el mes pasado por alguna turbulencia por problemas puntuales por la falta de pago del Pami y la caída de acuerdos con Venezuela.

Wayland, la canadiense fundada en 2013 en Ontario (Canadá) y con plantas en Alemania a la luz de este nuevo filón de la industria farmacológica, no es la única interesada en aterrizar en San Juan. Está además la estadounidense Green Leaf, que cultiva cannabis en el estado de Colorado (de características geográficas y climáticas similares a las de San Juan) y que también intenta cerrar un negocio similar para operar en la provincia.

Se trata de un polo productivo atractivo desde la actividad económica que genera y también desde la inversión. Por ejemplo, el proyecto en marcha de Wayland contempla la construcción de una planta de energía solar de 20 megas de potencia, lo que significa una inversión de U$S 20 millones adicionales.

Esta clase de producción del cannabis medicinal está casi completamente orientada a la exportación, de donde surge el tipo de inversión y la potencialidad en la generación de divisas. Exportan su producción (que cotiza a U$S 4 por cada mililitro extraído) a la mayoría de los países desarrollados del mundo.

La pregunta es: ¿y por qué las empresas de este sector en el mundo invertirían en San Juan? Hay varias respuestas. La primera es porque están buscando oportunidades de desarrollo en todos los lugares del mundo compatibles, y San Juan lo es desde el punto de vista climático además del citado factor político.

Otros motivos son las barreras al flujo de divisas que encuentran en algunos estados de EEUU, que les impiden retirar las utilidades que generan, y por eso buscan horizontes en los que les resulte más favorable desde las regulaciones del sector financiero.

Y el último resguardo (o el primero) es el relacionado con la salud, en especial teniendo en cuentan la definición de cannabis y su automática asociación con la marihuana recreativa (e ilegal). Aunque se trate de la misma planta, son absolutamente diferentes en sus variedades: la planta de cannabis medicinal tiene una concentración de CBD del 25% contra 1% de THC, que es el componente psicoactivo del cannabis, en cambio la planta destinada al uso recreativo dispone de un 18% de THC y el 1% de CBD.

Como resultado, el cannabis desarrollado para uso medicinal no sirve en su faceta recreativa. Y está destinada a atenuar las consecuencias de enfermedades crónicas y sin cura, como el Parkinson o la esclerosis múltiple.

Desarrollarlo, explicarlo, generar empleo de calidad e ingreso de divisas es el combo que aguarda detrás de ese anuncio inicial. Había que animarse a dar el primer paso, y San Juan se animó.

Fuente: TIEMPO DE SAN JUAN

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