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miércoles, enero 27, 2021
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Con Biden vendrán más inmigrantes (y eso está bien)


En uno de los debates presidenciales, Biden criticó la política del presidente Trump que obliga a los solicitantes de asilo esperar en México. “Este es el primer presidente en la historia de Estados Unidos que hace que alguien que solicita asilo tenga que esperar en otro país”, dijo Biden. Ahora, ese será su problema. Si Biden quiere ser el reverso de Trump tendrá que ayudar a resolver la situación de estos refugiados con prontitud y con una actitud humanitaria. Han sido rechazados de todos lados y su última esperanza es Estados Unidos.

El próximo gobierno ya ha enviado el mensaje de que será mucho más generosa con los inmigrantes, no solo con los que vienen sino también con los que ya están aquí. Hay una larga lista de promesas para los primeros cien días de gobierno, desde presentar una propuesta de ley para ofrecer vías a la ciudadanía a alrededor de 11 millones de personas indocumentadas y proteger a los dreamers hasta darle el estatus de protección temporal (TPS, por su sigla en inglés) a cientos de miles de venezolanos que viven en Estados Unidos que salieron de su país huyendo del régimen de Nicolás Maduro.

Las propuestas migratorias de Biden contrastan radicalmente con las políticas impuestas por Trump. En una reciente entrevista con el medio conservador Washington Examiner, Ken Cuccinelli, el funcionario designado por Trump para liderar los Servicios de Inmigración y Ciudadanía (USCIS), calculó que hasta 140.000 inmigrantes podrían estar cruzando la frontera cada mes con Biden en la Casa Blanca. “Vimos el ‘efecto Trump’ cuando llegó a la presidencia”, dijo. “Y ahora van a ver el ‘efecto Biden’. Va a ser lo opuesto. […] Va a ser muy malo para Estados Unidos. Va a ser un problema humanitario, particularmente en medio de la COVID”.

Las caravanas de migrantes centroamericanos y la situación de los solicitantes de asilo en los campos de refugiados en México podrían convertirse en la primera crisis internacional de Biden. El presidente electo tiene una estrategia de 4000 millones de dólares para mejorar las condiciones en Centroamérica y así evitar que las personas de la región que solían migrar a Estados Unidos no lo tengan que hacer. Y eso va a tomar años.

Mientras no haya vacunas contra la COVID-19 para todos, es poco probable que el gobierno de Biden permita la entrada masiva de refugiados y de solicitantes de asilo. Es de esperar que estos primeros meses del año, mientras persista la escasez de vacunas, le den un colchón al nuevo gobierno para formular y ejecutar una política de inmigración que pueda abordar la crisis.

Pero hay poco tiempo para maniobrar y las negociaciones en el Congreso no serán fáciles. Biden y su nominado para ser el próximo secretario del Departamento de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, un inmigrante nacido en Cuba, tendrán que vérselas simultáneamente con la urgencia de las caravanas y de los que apenas sobreviven en los campos de refugiados en México, junto a la esperanza de quienes llevan décadas esperando una regularización de su estatus migratorio dentro del país.

El gobierno de Biden no debe ser de muros, jaulas, separaciones de familias, miedo y prohibiciones de entrada a ciudadanos de países predominantemente musulmanes, como fue el de Trump. Los buenos gobernantes no se definen por la manera en que tratan a los más ricos, sino por su trato hacia los más vulnerables. Y los inmigrantes son los más vulnerables.



Fuente:nytimes.com/

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