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viernes, enero 15, 2021
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El activismo llegó a las empresas para quedarse


Oye, jefe, ya sé qué estás pensando: ahora que pronto llegará un nuevo presidente en Estados Unidos, ¿por fin se callarán tus empleados?

Estos últimos cuatro años, los empleados a tu cargo ha vivido en un estado constante de inquietud, lanzándose a la yugular porque un colega usaba una gorra de MAGA (Make America Great Again, el eslogan de Donald Trump) o por la camiseta de Black Lives Matter de otro… y a la tuya, porque al parecer no te interesa ninguna de esas causas.

A menudo has querido gritar: “De nueve a cinco, la política de la empresa estipula que no nos debe importar nada más que producir. Regresen al trabajo”. Sin embargo, ¿cómo te van escuchar si todo el mundo está en las calles protestando o, peor aún, manifestándose en tu contra?

Es como si tus empleados no hubieran estado en la clase de Introducción al capitalismo: las empresas son psicópatas por naturaleza, presionadas por el mercado para ser completamente amorales y egoístas. ¿Por qué una empresa debería tener una postura política y arriesgarse a alejar a un cliente?

Esta última tanda de manifestantes no se parece a las anteriores: obreros organizados que protestaban por salarios más altos o mejores condiciones laborales. Estos son de cuello blanco: ingenieros y analistas, gerentes de proyectos y mercadólogos profesionales. Se supone que son tus aliados capitalistas, ¡tus miniversiones en formación!

Tal vez quieras despedirlos a todos, pero también los necesitas con urgencia y, por lo tanto, necesitas que estén felices. ¿Qué puede hacer un pobre gerente?

Primero, respira profundo, observa hacia afuera de tu amplia ventana y resígnate al hecho de que no es una moda. Las expectativas en el lugar de trabajo están cambiando. Las reglas clásicas con las que crecieron los mayores de 40 años —no hablar de raza, religión ni política en la oficina— se deterioran por la influencia de los trabajadores miléniales y de la generación Z.

Puedes culpar a sus padres, pero hay estudios que indican que los empleados de entre 20 y 39 años quieren trabajar para empresas cuyo propósito vaya más allá de la generación de ganancias. Aprecian a las empresas que tienen un impacto positivo en la sociedad, muestran estar comprometidas a tener una fuerza laboral diversa e incluyente y se enfocan en problemas como la equidad salarial y el medioambiente.

Tal vez creas que estos “chicos” quieren hacer sandalias Birkenstock o granola. ¡Pero no es así! Muchos de ellos quieren trabajar en empresas grandes para lograr cosas importantes y ambiciosas, y parecen creer que puedes hacer el bien y al mismo tiempo tener un plan de retiro.

Por lo tanto, tu empresa les dijo a sus empleados que también le importan mucho estos temas y lo repite constantemente en sus páginas de Empleos y Sobre nosotros, con la esperanza de atraer trabajadores jóvenes y talentosos.

Sin embargo, en los últimos años, muchas de esas promesas empresariales han chocado con la realidad.

Como aquella vez en la que The Wing escribió en sus escaleras “No es un esfuerzo cuando subimos juntos”, pero supuestamente dejó a sus empleadas negras y morenas en la base de la escalera. O cuando Wayfair donó 100.000 dólares en apoyo a quienes “necesitan con urgencia cubrir sus necesidades básicas en la frontera”, pero le vendió el doble de esa cantidad en camas al contratista que opera los centros de detención donde se enjaulaba a niños migrantes. O cuando Pinterest curó una lista de bonitos tableros de imágenes para el Día Internacional de la Mujer, mientras se decía que discriminaba a sus empleadas de color.

Tal vez grites: “¡¿Pero que no entienden que la mercadotecnia siempre es una ilusión?!”.

Es verdad. ¿Pero no entiendes que no puedes prometerles una cosa a tus clientes y empleados y luego hacer otra?

El punto es que tú y tu empresa se metieron en este aprieto y no puedes esperar que se solucione por arte de magia en cuanto el presidente Donald Trump salga de la Casa Blanca.

Tal vez quieras enfrentar el problema haciendo lo que han intentado otros gerentes y directivos grandiosos. Como la “estrategia de CrossFit” de tener una videollamada con tus empleados y socios para decir tus ideas sobre el movimiento Black Lives Matter y los “chinos que dejaron escapar este virus de laboratorio”, como hizo el director ejecutivo de la marca de métodos de ejercicio. O la “estrategia de Coinbase” de enviar un memorando en el que decía que en el lugar de trabajo no habrá más política que tus políticas: simplemente ganar dinero exprimiendo a todo el planeta.

O quizás quieras probar una estrategia diferente.

En vez de sermonear a tus empleados —“Los dictadores también necesitan bases de datos de las relaciones con los clientes. ¡Fin de la discusión!”—, quizá lo mejor sea cambiar tu estructura mental y hacer un intento por comprender sus inquietudes.

Para que no creas que este es el fin del capitalismo, solo piensa en lo maquiavélica que en realidad puede ser esta estrategia. Las investigaciones demuestran que, si vas más allá de la generación de ganancias y adoptas un sólido sentido de propósito, de hecho puedes hacer que tus empleados se comprometan y ¡trabajen todavía más!

Asimismo, recuerda que puedes escuchar a tus empleados sin que necesariamente ellos te pasen por encima. Los grupos focales, las encuestas a los empleados y los conversatorios pueden ayudarte a conectar con los empleados antes de que alguna tensión efervescente se transforme en un motín.

Claro está que, de vez en cuando, algunos empleados perderán de vista el hecho de que trabajan para una empresa que pretende producir dinero. Si quieres puedes recordarles esta realidad colocando afiches en los muros con tus lemas capitalistas favoritos.

Sin embargo, una mejor estrategia podría ser adoptar con sinceridad la misión y los valores que idearon tus equipos de mercadotecnia. Una orientación moral sólida podría ayudarte a evitar que tu empresa caiga en algunas decisiones inmorales a largo plazo, lo que lograría que tu compañía se ganara la confianza de tus empleados y del mundo fuera de la oficina.

Sin importar qué escriba tu empresa en su sitio web, todos sabemos por qué decidió crear el cepillo de dientes perpetuo, la almohada más esponjosa del mundo o una criptoempresa en la cadena de bloques. Querías ganar dinero y eso está bien. Sin embargo, ¿por qué no interesarte de verdad un poquito en lo que sucede a tu alrededor? La nueva fuerza laboral de Estados Unidos lo espera de ti, y tu empresa los necesita más de lo que ellos te necesitan.

Jessica Powell (@themoko) es colaboradora de Opinión del Times, es autora de The Big Disruption: A Totally Fictional but Essentially True Silicon Valley Story y fue vicepresidenta de Google.



Fuente:nytimes.com/

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