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miércoles, enero 27, 2021
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El asalto al Capitolio comenzó a fraguarse hace décadas


Pero ni el racismo ni el interés generalizado en las teorías conspirativas son nuevos en nuestra vida política. La cosmovisión descrita en The Paranoid Style in American Politics, el clásico ensayo de Richard Hofstadter publicado en 1964, apenas se distingue hoy en día de las creencias de QAnon.

Así que no se obtiene gran cosa al entrevistar a los muchachos de gorra roja en las cafeterías; siempre ha habido gente así. Si hay o parece haber más personas así que en el pasado, tal vez tiene menos que ver con agravios intensificados que con estímulos externos.

Porque el gran cambio desde que Hofstadter escribió aquello es que uno de nuestros principales partidos políticos está dispuesto a tolerar y, de hecho, a alimentar la paranoia política de la derecha.

En un principio, mimar a los locos era un gesto casi enteramente cínico. Cuando el Partido Republicano comenzó a moverse hacia la derecha en los años setenta, su verdadera agenda era principalmente económica: lo que sus líderes querían, sobre todo, era la desregulación de los negocios y los recortes de impuestos para los ricos. Pero el partido necesitaba algo más que la plutocracia para ganar las elecciones, así que empezó a cortejar a los blancos de la clase trabajadora con lo que podrían considerarse como consignas racistas apenas disimuladas.

No es por casualidad, la supremacía blanca siempre se ha sostenido en gran parte mediante la supresión de los votantes. Así que no debería sorprendernos ver a las personas de derecha lamentarse porque hubo una elección amañada; después de todo, amañar elecciones es lo que su bando está acostumbrado a hacer. Y no sabemos con claridad hasta qué punto en realidad creen que estas elecciones fueron amañadas o si más bien están furiosos porque esta vez el fraude electoral habitual no funcionó.

No obstante, no solo se trata de la raza. Desde Ronald Reagan, el Partido Republicano ha estado estrechamente vinculado con la derecha cristiana de línea dura. Cualquiera que se sorprenda por la prevalencia de las teorías conspirativas demenciales en 2020 debe echar un vistazo a The New World Order, el libro que publicó en 1991 Pat Robertson, un aliado de Reagan, quien consideró que Estados Unidos estaba amenazado por una cábala internacional de banqueros judíos, masones y ocultistas. O debe mirar un video de 1994 promovido por Jerry Falwell llamado The Clinton Chronicles, que afirmaba que Bill Clinton era un narcotraficante y un asesino en serie.

Entonces, ¿qué ha cambiado desde entonces? Durante mucho tiempo las élites republicanas imaginaron que podían aprovecharse del racismo y de las teorías conspirativas mientras siguieran centrándose en una agenda plutócrata. Sin embargo, con el ascenso primero del Tea Party, luego de Donald Trump, los cínicos descubrieron que los locos eran los que tenían el control y que querían destruir la democracia, no reducir los impuestos sobre las ganancias de capital.



Fuente:nytimes.com/

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