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domingo, enero 17, 2021
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El día que Mike Pence se hartó de Trump


La oficina de Pence solicitó más opiniones a constitucionalistas, entre ellos Yoo, un conservador destacado en la Universidad de California campus Berkeley que trabajó para el gobierno de Bush.

La semana pasada, en el Despacho Oval, un día antes del conteo, Trump presionó a Pence en una serie de encuentros que sostuvieron, entre ellos una reunión que duró alrededor de una hora. John Eastman, un constitucionalista conservador de la Universidad Chapman, se encontraba presente y argumentó a Pence que sí disponía de tal facultad.

A la mañana siguiente, horas antes de la votación, Richard Cullen, el abogado personal de Pence, llamó a J. Michael Luttig, un exjuez de la corte de apelaciones venerado por los conservadores, y para quien Eastman trabajó como secretario. Luttig aceptó escribir rápidamente su opinión de que el vicepresidente no tenía poder para cambiar el resultado y luego la publicó en Twitter.

Minutos después, el personal de Pence incorporó el razonamiento de Luttig citándolo por nombre, en una carta que daba a conocer que el vicepresidente había decidido no intentar bloquear a los electores del Colegio Electoral. Cuando se le contactó el martes, Luttig dijo que haber ayudado a proteger la Constitución había sido “el mayor privilegio de mi vida”.

Luego de la iracunda llamada en la que maldijo a Pence, Trump azuzó a sus seguidores en el mitin en contra de su propio vicepresidente. Aludiendo a los llamados “republicanos solo de nombre”, (RINOs, por su sigla en inglés), dijo: “Espero que no escuche a los RINOs y a la gente estúpida a la que escucha”.

“Le tendió una trampa a Mike Pence ese día al ponerle esa carga”, dijo Ryan Streeter, quien fue consejero de Pence cuando el vicepresidente era gobernador de Indiana. “Es bastante inaudito en la política estadounidense. Que un presidente traicione así a su propio vicepresidente y aliente a sus seguidores a atacarlo es algo inconcebible para mí”.

Para entonces, Pence ya estaba en su caravana rumbo al Capitolio. Cuando la turba irrumpió en el edificio, agentes del Servicio Secreto lo evacuaron a él, su esposa y sus hijos, primero a su oficina en otro piso y más tarde al sótano. Sus agentes le pidieron que abandonara el edificio pero él se rehusó. Desde ahí llamó a líderes legislativos, al secretario de Defensa y al presidente de la Junta de Jefes del Estado Mayor, pero no al presidente.



Fuente:nytimes.com/

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