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miércoles, enero 27, 2021
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El jardín de los placeres de Calígula, desenterrado y restaurado


El cuarto de los doce césares, Calígula —cuyo nombre oficial era Cayo Julio César Augusto Germánico— fue un populista caprichoso e irascible del siglo I, quien es recordado, tal vez de manera injusta, como el gobernante más tiránico del Imperio romano. Como lo reportó Suetonio, el Michael Wolff de la Roma antigua, nunca olvidaba un desprecio, dormía tan solo unas pocas horas por la noche y se casó varias veces, la última vez con una mujer llamada Milonia.

Durante los cuatro años que Calígula ocupó el trono romano, su escondite favorito fue una estancia imperial del placer conocida como los Jardines de Lamiano, el club Mar-a-Lago de esa época. La vasta residencia se extendía hasta el Esquilino, una de las siete colinas sobre las cuales se construyó la ciudad originalmente, en el área cercana a la actual Piazza Vittorio Emanuele II.

Ahí, apenas dentro de los límites de la ciudad, se erigieron villas, santuarios y salas de banquetes en paisajes “naturales” construidos con mucho cuidado. Los Jardines de Lamiano, una especie de reserva natural de la Antigüedad, tenía orquídeas, fuentes, terrazas, una terma adornada con mármoles de colores preciosos provenientes de todo el Mediterráneo y animales exóticos, algunos de los cuales se usaron, como en el Coliseo, para juegos circenses privados.

El año 41 d. C., cuando Calígula fue asesinado en su palacio del monte Palatino, se trasladó su cuerpo a ese lugar, donde fue cremado y enterrado con prisa antes de llevarse al Mausoleo de Augusto en el Campo de Marte, al norte de la colina Capitolina. Según Suetonio, el elitesco jardín era acechado por el fantasma de Calígula.

Durante mucho tiempo, los historiadores creyeron que los restos de las fastuosas casas y áreas verdes nunca se iban a recuperar. Sin embargo, esta primavera, el Ministerio de Bienes y Actividades Culturales y Turismo de Italia planea abrir el Museo Ninfeo de la Piazza Vittorio, una galería subterránea que presentará una sección del jardín imperial que fue desenterrado durante una excavación realizada de 2006 a 2015. En la excavación, realizada debajo de los escombros de un complejo de apartamentos del siglo XIX declarado en ruinas, se encontraron gemas, monedas, joyas, cerámica, vidrio de camafeo, una máscara teatral, semillas de plantas como toronja, albaricoque y acacia que habían sido importadas desde Asia, y huesos de pavorreales, venados, leones, osos y avestruces.

“Las ruinas cuentan historias extraordinarias, empezando por los animales”, opinó Mirella Serlorenzi, la directora de excavaciones del Ministerio de Cultura. “No es difícil imaginar animales, algunos enjaulados y algunos corriendo libres, en este lugar encantado”. El Departamento de Ciencias de la Antigüedad de la Universidad de Roma La Sapienza colaboró en el proyecto.

Los objetos y los restos estructurales expuestos en el museo pintan un retrato vivo de riqueza, poder y opulencia. Entre los ejemplos deslumbrantes de la destreza de la Roma antigua se encuentran mosaicos y frescos complejos, una escalera de mármol, capiteles de mármol y caliza de colores, y un prendedor de bronce de la guardia imperial con incrustaciones de oro y nácar. “Se encontró el arte y los objetos más refinados que se hayan producido en la era imperial”, comentó Serlorenzi.

La clasicista Daisy Dunn señaló que los hallazgos eran incluso más extravagantes de lo que habían anticipado los académicos. “Los frescos tienen un ornato increíble y de un muy alto nivel decorativo”, hizo notar Dunn, cuyo libro In the Shadow of Vesuvius es una biografía doble de Plinio el Viejo —un contemporáneo de Calígula— y su sobrino Plinio el Joven. “Si consideramos las descripciones sobre el estilo de vida libertino y el apetito por los lujos de Calígula, podríamos haber esperado que los diseños fueran de mal gusto”.

Los Jardines de Lamiano fueron comisionados por Lucius Aelius Lamia, un senador rico y cónsul que legó sus propiedades al emperador, probablemente durante el reinado de su amigo Tiberio del 14 al 37 d. C. Cuando Calígula ascendió al trono —se rumorea que Calígula y Macro, el prefecto de la Guardia Pretoriana, apresuraron la muerte de Tiberio asfixiándolo con una almohada— se mudó a la casa principal.

Según el evocador relato de un testigo, el filósofo Filón, quien visitó la propiedad en el año 40 d. C. en representación de los judíos de Alejandría, y sus compañeros emisarios tuvieron que seguir a Calígula mientras inspeccionaba las suntuosas residencias “examinando los baños de hombres y de mujeres… y dando órdenes para hacerlos más costosos”. El emperador, escribió Filón, “ordenó que se llenaran las ventanas con piedras transparentes parecidas al cristal blanco que no obstaculizan la luz, pero impiden el paso del viento y el calor del sol”.

La evidencia sugiere que después de la muerte violenta de Calígula —sus guardaespaldas lo desmembraron— la casa y el jardín sobrevivieron al menos hasta la dinastía de los Severos, que gobernaron desde el 193 hasta el 235 d. C. Para el siglo IV, los jardines aparentemente habían caído en desuso y las estatuas de los pabellones abandonados fueron usadas para construir los cimientos de una serie de balnearios. Las estatuas no fueron descubiertas hasta 1874, tres años después de que Roma fuera convertida en la capital del recién unificado Reino de Italia. Con el Cerro Esquilino en medio de un boom de la construcción, el arqueólogo italiano Rodolfo Lanciani husmeó en los sitios de construcción recién excavados y descubrió una inmensa galería con piso de alabastro y columnas estriadas de giallo antico, considerado como el más fino de los mármoles amarillos.

Luego encontró un rico depósito de esculturas clásicas que, en algún momento de la historia de los jardines, se ocultaron deliberadamente para protegerlas. Los tesoros incluían el Lancellotti Discobolus, que ahora se encuentra en el Museo Nacional de Roma; la Venus Esquilina y un busto de Cómodo representado como Hércules, que ahora está expuesto en los Museos Capitolinos. En poco tiempo, se llevaron las esculturas, se colocaron los cimientos de un edificio de apartamentos y se volvieron a enterrar las ruinas antiguas.

La última excavación del jardín se desarrolló debajo de los restos de las residencias, las cuales fueron evacuadas en la década de 1970 tras el colapso de un edificio. Al igual que en la exhumación de Ricardo III realizada en 2012 en Leicester, Inglaterra, el desenterramiento involucró un estacionamiento moderno.

Hace dieciséis años, Enpam, una fundación privada que administra pensiones para doctores y dentistas italianos, compró la propiedad de 1,4 hectáreas. La perforación exploratoria para edificar unas nuevas oficinas centrales y un estacionamiento subterráneo produjo el hallazgo de las reliquias del siglo I, desde el tipo de vidrio en las ventanas que describió Filón hasta tuberías de plomo estampadas con el nombre de Claudio, el tío y sucesor de Calígula.

Mientras los equipos de construcción levantaban el edificio de oficinas de cinco pisos, los arqueólogos dentro de una zanja a cinco metros de profundidad —por debajo del nivel de la calle— tamizaban y eliminaban la tierra con cuidado. En un laboratorio del otro lado de la ciudad, unos paleobotánicos y arqueozoólogos analizaban los fragmentos, y unos investigadores reparaban un fresco en un muro de tres metros de alto pintado con pigmento hecho de cinabrio en polvo. Enpam sufragó los 3,5 millones de dólares que costó todo el proyecto de conservación y restauración.

En 2017, comenzaron las obras de construcción para el Museo Ninfeo. “El nuevo espacio, en el sótano de Enpam, revela uno de los lugares míticos de la capital del imperio, una de las residencias con jardines que les fascinaban a los emperadores”, comentó Daniela Porro, la directora del museo.

Todavía no se sabe qué implicaciones tendrá todo esto en la reputación aparentemente irredimible de Calígula. En Las vidas de los doce césares de Suetonio, escrito 80 años después de que el emperador fuera liquidado, Calígula aparece retratado como un depravado total: tuvo relaciones incestuosas con sus hermanas, se acostó con cualquiera que se le antojara, utilizó a los criminales como alimento para sus bestias salvajes cuando la carne de res era demasiado cara y, en una ocasión, insistió en que un súbdito leal, quien había prometido dar su vida si el emperador sobrevivía a una enfermedad, cumpliera su promesa y muriera.

Mary Beard, profesora de estudios clásicos en la Universidad de Cambridge, propuso que, aunque Calígula tal vez fue asesinado por ser un monstruo, también es posible que se le haya convertido en un monstruo porque fue asesinado. En SPQR: Una historia de la antigua Roma, su valioso libro sobre el Imperio romano, Beard arguye que “es difícil resistirse a la conclusión de que, sin importar cuánta verdad posean, las historias contadas sobre él son una mezcla inextricable de hechos, exageraciones, malinterpretaciones deliberadas e invenciones descaradas, principalmente creadas después de su muerte y en beneficio del nuevo emperador, Claudio”.

Si la historia le dio un trato injusto a Calígula es tema de un debate obstinado. “Claramente hay sesgos en las fuentes”, admitió Dunn. “Pero, incluso sin eso, es difícil concebirlo como un buen emperador. Dudo que estos nuevos descubrimientos hagan mucho por rehabilitarlo. Pero deberían abrir nuevas perspectivas sobre su mundo, y revelar que fue tan paradisiaco como deseó que lo fuera”.



Fuente:nytimes.com/

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