31.4 C
San Juan
viernes, enero 22, 2021
Inicio Mundo El odio debe ser erradicado de las redes sociales, pero no por...

El odio debe ser erradicado de las redes sociales, pero no por Silicon Valley


Y, sin embargo, la canciller Angela Merkel dijo esta semana que la cancelación de las cuentas de Donald Trump en las redes sociales era “problemática”, mostrándose a favor de un equilibrio entre la supervisión del contenido tóxico y la defensa de la libertad de expresión. Lograr ese balance requerirá aceptar, como hizo Alemania, que la mayoría de las legislaciones que regulan ese derecho fundamental han quedado obsoletas. La monitorización necesitará de garantías, preferentemente ofrecidas por jueces formados en nuevas tecnologías, para evitar que tenga un sesgo ideológico, religioso o racial.

La reemergencia de los extremismos en el mundo, incluidos políticos que atacan la democracia desde dentro, hace que la adaptación sea urgente. Estados Unidos ha resistido el embate autoritario gracias a la fortaleza de sus instituciones, sistema judicial y prensa independiente. Pero, ¿cuál habría sido el desenlace de un envite parecido en una democracia inmadura y con esos tres pilares debilitados, como es el caso de España? Solo hay que mirar qué fue de naciones que cayeron en las garras del populismo, como la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, para recordarnos que no podemos correr ningún riesgo.

La libertad de expresión está regulada en España bajo un marco anticuado que, sumado a medidas restrictivas recientes como la Ley Mordaza de 2015, que permite sancionar a periodistas bajo el ambiguo pretexto de alteración del orden, rebaja su significado. El resultado es que los jueces españoles están sentando en el banquillo a quienes la ejercen legítimamente, mientras manipuladores y propagadores del odio operan con impunidad en un momento de gran crispación. Esa combinación es garantía de tiempos oscuros en un país con una historia de enfrentamientos civiles como la nuestra.

La revista satírica Mongolia reflejaba las contradicciones del erróneo foco judicial en su última portada, un fondo negro con el que sus editores quisieron denunciar la censura. La publicación ha visto su futuro comprometido tras ser condenada a pagar 40.000 euros por ridiculizar en un cartel promocional al torero José Ortega Cano, quien en 2011 mató bajo los efectos del alcohol a otro conductor en un accidente de tráfico. Importantes juristas han resaltado las incongruencias de la sentencia, que se suma a los procesos contra trabajos de ficción de raperos, humoristas o artistas. El presidente Pedro Sánchez, a pesar de las promesas hechas cuando estaba en la oposición, no ha tomado ninguna medida para corregir la deriva.

Una parte de la judicatura española no parece diferenciar la sátira de la realidad, pero aún más grave: tiene una concepción de la libertad de expresión y sus límites impropia de una democracia liberal. No son la ofensa, la burla o la crítica, incluso cuando resultan de mal gusto, las que debe ser perseguidas; sino la fabricación de noticias falsas, desinformación y propaganda con el objetivo de incitar a la violencia, discriminar minorías o suprimir las libertades de los demás.



Fuente:nytimes.com/

Cerrar