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martes, enero 26, 2021
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Las bondades del aceite de coco: ¿mito o verdad?


“Desde hace mucho tiempo se sabe que el aceite de coco eleva los niveles de colesterol LDL en la sangre, el cual es dañino para las arterias, y las investigaciones más recientes han confirmado esas primeras nociones”, me comentó Sacks. Al momento de preparar un editorial publicado en marzo del año pasado en la revista Circulation, dijo: “No pude encontrar nada en la literatura científica que respaldara las aseveraciones publicitarias de que el aceite de coco tiene algunos efectos benéficos”.

Greenland estuvo de acuerdo con esa valoración y afirmó que: “La publicidad para el aceite de coco es confusa. Se vende la idea de que es una grasa saludable, pero quienes conocen su composición no piensan eso para nada”.

Una de las afirmaciones sobre el aceite de coco es indiscutible: puede elevar los niveles en la sangre del colesterol HDL, que desde hace mucho se piensa que ofrece protección contra las enfermedades coronarias. Sin embargo, aún no se ha demostrado un caso claro de beneficio para la salud del colesterol HDL en personas. Así como lo informó Sacks: “Hasta ahora, los estudios genéticos y los medicamentos que aumentan los niveles de HDL no han respaldado una relación causal entre el colesterol HDL y las enfermedades cardiovasculares. El HDL está compuesto por una enorme gama de subpartículas que podrían tener conductas adversas o benéficas. Se desconoce cuáles son los alimentos o nutrientes que elevan el colesterol HDL, si es que los hay, y lo hacen de tal manera que reducen los eventos coronarios y de aterosclerosis”.

Greenland piensa exactamente lo mismo. “Los esfuerzos por elevar los niveles de colesterol HDL no han propiciado mejoras clínicas favorables”.

A los proponentes también les encanta citar el hecho de que varios pueblos indígenas —como los polinesios, los melanesios, los esrilanqueses y los indios— consumen cantidades bastante grandes de productos de coco sin sufrir altas tasas de enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, la mayoría de estos pueblos tradicionalmente comen la pulpa del coco o exprimen la crema del coco como parte de una dieta baja en alimentos procesados y rica en frutas y vegetales, pues el pescado es su principal fuente de proteína. También tienen mucha más actividad física que el occidental promedio.

No obstante, ahora incluso eso está cambiando, según informó un equipo de investigación de Nueva Zelanda, con las “importaciones de alimentos no saludables como carne encurtida, comida rápida e ingredientes procesados que derivan en increíbles aumentos de obesidad y salud precaria”.

La revisión que hizo el equipo de 21 estudios sobre el consumo de aceite de coco lo llevó a la conclusión de que consumir productos de coco que contienen fibra, como la pulpa y la harina de coco, como parte de una dieta rica en grasas poliinsaturadas y privada de calorías excesivas provenientes de carbohidratos refinados no plantearía un riesgo de padecer enfermedades cardiacas. Sin embargo, los investigadores no encontraron evidencia alguna que justificara sustituir el aceite de coco por otros aceites vegetales insaturados.



Fuente:nytimes.com/

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