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martes, enero 26, 2021
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¿Qué contiene la vacuna de Sinovac? La respuesta es crucial en Indonesia


La carta no decía mucho; tenía una sola oración. La vacuna contra el coronavirus fue “fabricada sin materiales porcinos”, escribió Sinovac, el fabricante chino de vacunas, al fabricante estatal de vacunas de Indonesia en julio.

Aunque la misiva era prometedora, los clérigos indonesios necesitaban más detalles sobre la vacuna. Si incluyera al menos una pequeña cantidad de ADN porcino, podría disuadir a algunos seguidores del islam de vacunarse en Indonesia, el país con la mayor población musulmana del mundo. Sinovac tardó meses en proporcionar más información, que apenas llegó esta semana.

La demora en la respuesta de la empresa china ha sido otro reto en el ya frágil despliegue de la vacuna en Indonesia. Con el mayor número de infecciones por coronavirus en el sudeste asiático, el país está ansioso por conseguir apoyo para su objetivo de vacunar a 181,5 millones de adultos en un plazo de 15 meses. Sin embargo, las preguntas que se ciernen sobre la seguridad de la vacuna Sinovac y si es halal, o permitida por el islam, están complicando los esfuerzos del gobierno.

“No debería haber ninguna preocupación sobre si esta vacuna es halal o no”, dijo el presidente Joko Widodo. “Estamos en una situación de emergencia debido a la pandemia de covid”.

Indonesia ha registrado casi 800.000 infecciones y más de 23.000 muertes, cifras asombrosas en una región donde los casos de virus se han mantenido relativamente bajos. Las inoculaciones comenzarán con los trabajadores de la salud, los soldados y los agentes de policía en las próximas semanas, una vez que las autoridades sanitarias estén convencidas de que la vacuna Sinovac es segura y eficaz.

El presidente Joko dijo que se vacunaría primero para demostrar que no hay nada que temer.

La vacuna también debe pasar por un proceso de aprobación separado del Consejo Ulema, un influyente grupo de clérigos musulmanes que decide qué productos son halal en Indonesia.

Las autoridades islámicas de otros países en los que los musulmanes constituyen una parte considerable de la población, como Malasia y los Emiratos Árabes Unidos, ya han dictaminado que las vacunas contra el coronavirus están permitidas, aunque contengan gelatina de cerdo, que se utiliza para estabilizar muchas inoculaciones.

El mes pasado, el Vaticano emitió un comunicado declarando que las vacunas contra el coronavirus son “moralmente aceptables” para los católicos que pudieran oponerse a una vacuna desarrollada hace décadas con células madre de fetos abortados.

Los indonesios todavía están esperando que los líderes religiosos se pronuncien.

“En los productos farmacéuticos, que sea halal es uno de los elementos importantes después de la seguridad, la eficacia y la calidad de la propia vacuna”, comentó Bambang Heriyanto, portavoz de Bio Farma, el fabricante estatal de vacunas de Indonesia.

Se espera que el Consejo de Ulemas emita un decreto, o fatwa, autorizando el uso de la vacuna Sinovac en las próximas semanas, pero la naturaleza de sus conclusiones podría afectar a la aceptación de la misma en Indonesia, especialmente entre los muchos musulmanes conservadores del país.

En 2018, durante un brote de sarampión, el gobierno respaldado por la Organización Mundial de la Salud, emprendió una ambiciosa campaña de vacunación pero la única vacuna disponible en cantidades suficientes contenía derivados de cerdo.

Tras analizar la vacuna contra el sarampión, el Consejo de Ulemas declaró que era haram, o prohibido bajo el Islam, pero dijo que su uso estaba autorizado dado que el brote era una emergencia.

Sin embargo, en algunas zonas del país, los líderes musulmanes locales se opusieron a la utilización de una vacuna haram. La campaña no alcanzó su meta de 95 por ciento de inmunización y casi 10 millones de niños quedaron sin vacunar. Solo el 72 por ciento del grupo objetivo terminó por ser vacunado.

En las vallas publicitarias sobre las calles transitadas de Yakarta, la capital, se puede ver a una mujer con un cubrebocas y un pañuelo en la cabeza que flexiona su brazo mientras las imágenes del coronavirus se encuentran cerca. Miles de estos carteles y pancartas se han erigido a lo largo de las carreteras de alto tráfico en todo el país. El mensaje: las vacunas te protegen.

Para fomentar la vacunación generalizada, algunos gobiernos regionales también han aprobado nuevas leyes que permiten castigar a las personas que se niegan a vacunarse contra el coronavirus.

“El gobierno se asegurará de que la vacuna sea segura y efectiva, tenga efectos secundarios mínimos y sea, por supuesto, halal”, dijo Wiku Adisasmito, portavoz del grupo de trabajo nacional de COVID-19. “Los gobiernos regionales tendrán la autoridad para hacer que la gente obedezca y participe en el programa de vacunación para que la inmunidad colectiva se pueda lograr fácilmente”.

Con una población de 270 millones, Indonesia espera alcanzar la inmunidad colectiva mediante la vacunación de, aproximadamente, dos tercios de la población en poco más de un año. Joko dijo el martes que esperaba que se pudiera lograr aún más rápido.

Indonesia ha pedido vacunas a varias compañías, pero planea depender principalmente de Sinovac, que ya ha entregado tres millones de dosis. Es la única vacuna que ha llegado al país hasta ahora.

Bio Farma tiene previsto fabricar 122,5 millones de dosis adicionales utilizando las materias primas suministradas por Sinovac.

Al igual que otros países, Indonesia espera con impaciencia los datos de los ensayos de la fase tres para que su Organismo de Control de Alimentos y Medicamentos pueda evaluar la seguridad de la inoculación de Sinovac. Hace meses, China comenzó a administrar la vacuna de Sinovac y otra fabricada por una segunda empresa, Sinopharm, aunque no se completaron los ensayos en seres humanos.

Se espera que Sinovac publique pronto los resultados de sus ensayos en fase avanzada, con la aprobación del gobierno chino a continuación. Sin embargo, China rara vez ha dado a conocer los datos de sus vacunas y tiene un historial de producción de vacunas defectuosas y productos alimenticios contaminados. En 2018, estalló un escándalo por las dosis deficientes de una vacuna contra la difteria, el tétanos y la tos ferina, así como por los datos fabricados para una vacuna contra la rabia.

En Indonesia, una encuesta nacional realizada en septiembre por el Ministerio de Salud, la OMS y la UNICEF reveló que los problemas de salud eran aún más preocupantes que el hecho de que la vacuna contra el coronavirus fuera halal.

Dicky Budiman, epidemiólogo indonesio de la Universidad de Griffith en Australia, pidió a China que diera a conocer los datos científicos de las inoculaciones para que Indonesia pudiera evaluar la seguridad y la eficacia de las vacunas.

“La transparencia es uno de los mayores desafíos para China, especialmente con sus vacunas”, dijo. “Este es un momento crucial para que China muestre al mundo cómo ha mejorado la calidad de sus vacunas”.

El Consejo de Ulemas dijo que había pedido a Sinovac en repetidas ocasiones documentación sobre los materiales de la vacuna para tomar su determinación. Está preparado para anunciar su decisión después de que Indonesia determine que la vacuna es segura y efectiva.

En el Centro Global Halal, cerca de Yakarta, el Consejo opera laboratorios de biotecnología, física, química y microbiología que ha utilizado recientemente para probar la vacuna de Sinovac con el fin de ver si contiene derivados porcinos.

Sus laboratorios pueden probar 500.000 muestras de productos al año, dijo Muti Arintawati, directora de la Agencia de Análisis de Alimentos, Medicamentos y Cosméticos del consejo. El consejo, fundado en 1975 por representantes de los principales grupos islámicos, tiene la autoridad para certificar si los productos y medicamentos cumplen las normas islámicas en Indonesia. Las empresas pagan entre 180 y 780 dólares por la certificación.

Los principales grupos islámicos, como Nahdlatul Ulama y Muhammadiyah, que en conjunto cuentan con casi 140 millones de miembros, se unirán al esfuerzo de fomentar la aceptación de la vacuna una vez que se haya considerado segura y se haya emitido una fatwa.

“Daremos una explicación desde la perspectiva de la ley islámica para que la gente esté dispuesta a vacunarse”, dijo Ahmad Ishomuddin, líder supremo de Nahdlatul Ulama. “Creo que solo un pequeño número de personas la rechazará porque proteger la vida es uno de los principales propósitos de la religión”.

Dera Menra Sijabaty Muktita Suhartono colaboraron con este reportaje.

Richard C. Paddock ha sido corresponsal extranjero en 50 países en los cinco continentes y reportado desde Moscú, Yakarta, Singapur y Bangkok. Ha pasado más de una década cubriendo el sudeste asiático y ha sido colaborador de The New York Times desde 2016. @RCPaddock




Fuente:nytimes.com/

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