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sábado, enero 16, 2021
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Todo lo que deberías saber sobre el huevo.

El huevo forma parte de la dieta humana desde hace cientos de años y en la actualidad se emplea en todo tipo de recetas de cocina; sin embargo, muchas de sus características y propiedades son totalmente desconocidas para la mayoría de las personas.

Por ello, propongo una lista con quince curiosidades que probablemente ignoramos acerca de este popular y completo alimento:

 

  1. Las últimas investigaciones sobre los beneficios del huevo concluyen que este alimento, ingerido una vez al día, puede reducir el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares. Estamos ante un alimento que tiene beneficios en la vida diaria de cualquier persona y también es muy recomendado para aquellos que realizan deporte debido a su importante valor proteico.

En la actualidad, la mayoría de los médicos recomiendan comer huevos como parte de una dieta saludable, ya que son uno de los alimentos más nutritivos de la naturaleza. Tienen altos niveles de proteínas, vitaminas A, D, B y B12, así como luteína y zeaxantina, que pueden ayudar a prevenir el daño ocular en la vejez.

El huevo contiene tres tipos de grasa: monoinsaturada (como la de la palta o el aceite de oliva); poliinsaturada (como la del pescado y las nueces), y saturada (que es la que puede ser dañina en exceso); así que es bastante saludable, ¡pero todo con moderación!

  1. Comer huevo no causa problemas cardíacos. Si bien es cierto que cada yema de huevo tiene 200 miligramos de colesterol, las investigaciones han demostrado que el colesterol que ingerimos casi no influye en la cantidad de colesterol LDL en nuestra sangre. La concentración de este colesterol “malo” en nuestras venas y arterias depende más la mezcla de grasas saturadas y carbohidratos que comemos. De hecho, el colesterol que contiene el huevo ayuda a subir los niveles de colesterol HDL, que ayuda a limpiar las arterias.
  2. A pesar de que muchos cartones promueven que los huevos que contienen están libres de hormonas, esta afirmación no es nada especial. Es como decir que el agua está mojada. Esto se debe a que, por ley, está prohibido el uso de hormonas en todas las producciones avícolas desde la década de 1950. Por lo tanto, ningún huevo de gallina en el mercado contiene hormonas.
  3. El huevo es un alimento muy delicado con el cual debemos extremar precauciones al máximo. Es importante respetar los 28 días de caducidad.
  4. El mejor lugar para guardar los huevos no es la puerta de la heladera, sino en el interior donde haya temperatura fría y estable. Además, mejor si los guardamos ‘de pico’, con la parte ancha del huevo para arriba. Así la yema no se acoplará en la parta baja. Si sobran claras o yema se puede congelar. ¡Pero no con cáscara!
  5. No es conveniente lavar ni limpiar los huevos porque pueden dañar la cutícula, que es una membrana externa que se encuentra sólidamente adherida a la cáscara y actúa taponando sus poros, que actúa como barrera para la entrada de microorganismos que podrían deteriorar el producto y provocar enfermedades. Sí podemos lavarlos un segundo antes de usarlos y conviene cascarlos en un bol o plato aparte antes de incorporarlo a nuestra elaboración por si cae un trocito de cáscara o encontramos sangre en el huevo.
  6. El color del cascarón de un huevo no tiene nada que ver ni con su sabor ni con su color interno. El color de la yema y su sabor los determina la dieta de la gallina. Simplemente, las gallinas oscuras ponen huevos oscuros y las claras, huevos claros. Por lo general, ambos tipos de huevos poseen la misma calidad.

En Chile una especie, llamada “gallina araucana”, que puede poner huevos rosas, verdes ¡y azules!

  1. El grosor de un huevo depende únicamente de la edad de la gallina: mientras que las gallinas jóvenes ponen huevos con cáscaras más duras, los pollos viejos ponen huevos con cáscaras más delgadas. Este grosor se producirá independientemente de la raza de gallina o del color del huevo.
  2. Los huevos marrones son más caros que los blancos, simplemente porque las gallinas que los ponen son de razas físicamente más grandes que las gallinas que ponen huevos blancos. Debido a que las gallinas más grandes necesitan más comida, los granjeros tienen que gastar más en alimento. A su vez, el aumento en el costo de producción por huevo pasa a los consumidores.
  3. ¿Por qué no se venden refrigerados?: Aunque su envase recomienda conservarlos en el frigorífico para evitar que pierdan propiedades y alargar su duración, en el mercado encontramos los huevos a temperatura ambiente. Esta medida pretende evitar que los huevos sufran cambios bruscos de temperatura, con el consiguiente riesgo de formación de hongos y microorganismos en su cáscara y la posible contaminación microbiológica del producto.
  4. ¿Es seguro comer un huevo si su cáscara presenta grietas?: No es recomendable, ya que esas grietas pueden permitir el paso de microorganismos patógenos que podrían provocar diversas enfermedades. En algunos casos las grietas son perfectamente visibles, pero no siempre es así.
  5. No todos los huevos en su empaque son del mismo tamaño. Aunque en la caja de cartón que compramos ponga que se trata de huevos de tamaño «grande» o «L» o «XL», no todos los huevos en esa caja de papel tienen exactamente el mismo tamaño. En lugar de requerir un tamaño y peso específico para los huevos individuales, en realidad el peso que se tiene en cuenta a la hora del etiquetado es el del conjunto de la caja en total.
  6. La yema y la clara tienen la misma proteína. Este dato puede sorprender aquellos que para ejercitarse toman claras de huevo pensando que esta tiene más proteína. Tanto la clara de huevo como la yema de huevo contienen 3 gramos de proteína cada una. Así que, aunque tradicionalmente asociamos las claras de huevo con las proteínas, realmente no tienen una ventaja sobre su contraparte amarilla. La principal diferencia, sin embargo, está en las calorías. Mientras que una sola yema contiene 3 gramos de proteína por 60 calorías, una clara de huevo proporciona 3 gramos de proteína por solo 15 calorías.
  7. Nunca recalientes un huevo duro en el microondas porque sería riesgoso para tu salud. No porque se ponga malo o ya no sepa bien, sino porque explotan. Pero ¿Por qué explotan? La razón está en el vapor. La yema cocida del huevo contiene agua. Al calentarla en el microondas, esta agua se calienta hasta convertirse en vapor que se expande y genera una tremenda presión dentro del huevo. A la mínima rotura o punto débil en la cáscara, el vapor sale de forma explosiva. Para evitar el problema basta con pelar el huevo antes de calentarlo y cortarlo en dos mitades o hacer una incisión para que el vapor tenga una vía de escape.
  8. Si incubas un huevo que compraste en la tienda, súper o mercado, nunca va a nacer un pollito. Los huevos que comemos no son fértiles, son de gallinas que nunca conocieron un gallo. ¿Entonces, por qué los ponen? Todas las aves producen huevos con regularidad y los ponen están fertilizados o no. Las gallinas han sido criadas seleccionando aquellas que ponen con más frecuencia: casi un huevo diario, aunque ponen menos si hace frío…

 

 

 

 

Sánchez María Fernanda

Ingeniera en Alimentos

Profesora de Instituto Aconcagua

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