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domingo, enero 17, 2021
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Trump siempre ha sido un lobo disfrazado de lobo


Si quienes se consideran revolucionarios no obedecieron la ley, fue porque sus líderes les dijeron que la ley había sido violada, y de la manera más profunda e irreversible. Si su respuesta fue extrema, también lo fue el delito. Si las victorias aplastantes pueden caer en las artimañas de los demócratas, entonces la política se derrumba en un sinsentido. ¿Cómo se les podía permitir a los ladrones escapar con el control total del gobierno federal como premio? La mayoría de los republicanos cree que las elecciones fueron robadas y la mayoría respalda la insurrección como respuesta. Una encuesta rápida de YouGov reveló que el 45 por ciento de los republicanos aprobaron el asalto al Capitolio; el 43 por ciento se opuso.

La gran virtud de Trump, como figura pública, es su literalidad. Sus declaraciones pueden estar plagadas de mentiras, pero es honesto acerca de quién es y qué pretende. Cuando perdió el caucus de Iowa ante Cruz en 2016, declaró que “Ted Cruz no ganó Iowa, la robó”. Cuando parecía probable que perdería las elecciones presidenciales ante Hillary Clinton, comenzó a calificar la elección como amañada. Cuando quiso que el presidente de Ucrania abriera una investigación por corrupción sobre Joe Biden, hizo la demanda directamente, en una llamada grabada. Cuando se le preguntó, durante los debates presidenciales de 2020, si se comprometería a una transferencia pacífica del poder en caso de una derrota, se negó. No hubo subterfugios por parte de Trump para los terribles eventos del 6 de enero. Invocó esta oportunidad, una y otra vez, hasta que sucedió.

El Partido Republicano que ha ayudado e instigado a Trump es igual de despreciable, o más, porque inundan la prensa con citas asegurando que saben algo más. En una frase que llegará a definir esta era sórdida (y a ese partido sórdido), un republicano de alto rango le dijo a The Washington Post: “¿Cuál es la desventaja de complacerlo durante este breve período de tiempo? Nadie piensa seriamente que los resultados cambiarán”. Lo que sucedió el miércoles en Washington es el lado negativo. Millones de estadounidenses lo tomaron literalmente. No sabrán que estás “complaciendo” al hombre más poderoso del mundo. Se sentirán traicionados y desesperados. Y algunos de ellos estarán armados.

A menudo, la era Trump ha estado envuelta en un manto de ironía autoprotectora. Se nos ha pedido que separemos al hombre de sus tuits, que creamos que Trump no quiere decir lo que dice, que no tiene la intención de actuar según sus convicciones, que no es lo que obviamente es. Cualquier divergencia entre la palabra y la realidad se ha incluido en ese principio. El hecho de que Trump no haya logrado mucho de lo que prometió debido a su incompetencia y distracción ha sido reformulado como una señal de una situación más delicada. Las limitaciones impuestas sobre él por otras instituciones o actores burocráticos se han reformulado como evidencia de que nunca tuvo la intención de seguir adelante con sus declaraciones más salvajes. Esa fue una ficción conveniente para el Partido Republicano, pero fue una fantasía desastrosa para el país. Y ahora se ha derrumbado.

Cuando los literalistas se apresuraron a entrar en la cámara, Pence, Cruz y Hawley estaban entre los que tuvieron que ser evacuados, por su propia seguridad. Algunos de sus compatriotas, como la senadora Kelly Loeffler, rescindieron sus objeciones a la elección, aparentemente conmovidos por la bestia que habían creado. Pero no hay un refugio real del movimiento que alimentaron. Las legiones de Trump todavía están ahí afuera, y ahora están de luto por una muerte y se sienten aún más engañados por muchos de sus supuestos aliados en Washington, quienes se volvieron contra ellos tan pronto como hicieron lo que pensaron que se les había pedido.

El problema no son los que tomaron en serio la palabra de Trump desde el principio. Son los muchos, muchos republicanos electos que no lo tomaron en serio, ni literalmente, sino con cinismo. Ellos han desencadenado esto sobre sus cabezas, y sobre las nuestras.

Ezra Klein se unió a la la sección de Opinión en 2021. Fue el fundador, editor en jefe y luego editor general de Vox; el presentador del pódcast, “The Ezra Klein Show”; y el autor de Why We’re Polarized. Antes de eso, fue columnista y editor de The Washington Post, donde fundó y dirigió la vertical Wonkblog. @ezraklein



Fuente:nytimes.com/

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