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martes, enero 26, 2021
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Un vuelo de dieciocho horas, cuatro infecciones de coronavirus


En el vuelo de Hong Kong, el análisis sugirió que dos pasajeros que embarcaron en Boston infectaron a dos auxiliares de vuelo. En el vuelo de Hanói, los investigadores descubrieron que doce de las dieciséis personas que dieron positivo más tarde estaban sentadas en la clase ejecutiva, y que la proximidad a la persona infectada predecía fuertemente el riesgo de infección.

Las políticas de las aerolíneas varían mucho, dependiendo del vuelo y de la aerolínea. Durante los primeros meses de la pandemia, la mayoría de las empresas estadounidenses tenían una política de bloquear los asientos, o permitir a los pasajeros reprogramar si un vuelo estaba lleno en un 70 por ciento. Pero para las festividades, esas políticas fueron eliminadas en gran parte, dijo Scott Mayerowitz, editor ejecutivo de The Points Guy, un sitio web que da cobertura a la industria.

Todas las aerolíneas tienen una política de uso de cubrebocas, para los pasajeros y la tripulación, aunque los pasajeros no siempre cumplen con las disposiciones.

“Incluso antes de la pandemia, los pasajeros no siempre eran los mejores para seguir las reglas en los aviones”, comentó Mayerowitz. “Algo en los viajes aéreos saca a relucir lo peor de la gente, ya sea que se peleen por los asientos reclinados, o por el espacio de los compartimientos superiores, o por usar un cubrebocas correctamente”.

Los controles de temperatura son poco comunes y no son tan confiables como un indicador de infección. Y las pruebas de coronavirus no son necesarias para el embarque, al menos en los vuelos nacionales. Algunos vuelos internacionales son “sometidos a la prueba de la COVID”: para volar de Nueva York a Roma en Alitalia, por ejemplo, los viajeros deben haber recibido un resultado negativo en las 48 horas antes del abordaje. Se vuelven a hacer las pruebas al llegar a Roma.

Karan dijo que, a menos que se apliquen todas las medidas preventivas, habrá cierto riesgo de infección en casi todos los vuelos.

“Resulta sorprendente, y a la vez no lo es tanto, que se produzca un brote en un vuelo de dieciocho horas”, dijo Karan. “Es muy probable que no solo esas dos personas se hayan quitado el cubrebocas en algún momento”, y cada uno de esos lapsos aumenta las probabilidades de propagación.

Benedict Carey ha sido reportero científico del Times desde 2004. También ha escrito tres libros, Cómo aprendemos, sobre la ciencia cognitiva del aprendizaje; Poison Most Vial y Island of the Unknowns, misterios científicos para estudiantes de secundaria.



Fuente:nytimes.com/

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